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12/12/2007
La triste historia del pagafantas: el pagafantas se explica.
Carta de Alberto (pagafantas) Explicativa:
Hola, Soy Alberto. Asta hace poco, era un completo desconocido. Ahora, por culpa de un gilipollas al que creia amigo, estoy siendo el azmereir de todo Internet.
Mi historia seguramente la conoceras.
Una noche fumando porros y bebiendo chupitos con una amiga despues de un concierto (toco en un grupo de musica) nos grabamos en video. Mi amiga y yo tenemos unas historias muy personales en las que yo la respeto siempre. Yo se lo que hay, y ella sabe lo que hay, asi que no hay confusiones de ningun tipo. Sin embargo, el video cayo en malas manos despues de dormir en casa de un amigo (ex-amigo) el cual entro me mango la camara, y dejó los videos en Youtube. Al cavo de unas semanas yo me entere de que el hijo de puta este habia subido los videos porke me aviso un amigo que los habia visto en una pagina asi que le pedí a mi ex-amigo que los borrara y lo hizo, pero ya era tarde.
Por kulpa de esto ahora se me conoce por el PagaFantas, y todo porque respeto a mi amiga y durante el video no le hago nada ni nada. No creo que sea justo que se rian de mi por respetar a una amiga. Ella no se me estaba insinuando, como he dicho antes, tengo historias personales con ella y nos entendemos asi ademas ella estaba un poco borracha y ciega de porros.
Te escribo para ver si me puedes ayudar a limpiar mi imagen ya que he visto que tu no has anunciado esta “noticia” en tu web, cosa que te agradezco. Ahora la gente se rie de nosotros en los conciertos, gritandome maricon pringao y pagafantas los cabrones no se atreven a decirmelo a la cara y se ocultan entre el publico para reirse. Yo simplemente quiero que digas que soy un tipo normal que quiere mucho a su amiga y que sabe que tipo de relacion tiene con ella y que no le gusta aprovecharse de las mujeres cuando estan bebidas ni ciegas.
Alberto.
Texto extraído de: http://www.greenshines.com
11/12/2007
La triste historia del pagafantas: el ruego
La triste historia del pagafantas: el DRAE
16/08/2007
Cuentos similares con finales dispares
Hoy presentamos:
El cuento del maduro y el del siluro.
(Se recomienda ver el vídeo hasta el final).
El cuento del maduro

Viernes noche. Mi amigo y yo bajamos las escaleras de “La Cueva”, pub de moda. Mi amigo es el tipo de gente madura, tan sensato que creo que ya lo era antes de nacer. Yo siempre he sido un “viva la virgen”.
Cuándo llego abajo veo por el rabillo del ojo que una gachí se abalanza sobre mi amigo, y cuándo me vuelvo le está dando un morreo de impresión, y luego se va.
Mi amigo se queda patidifuso, y yo voy a la barra a pedir cerveza, sé que la necesitará. Cuándo viene coge su caña y dice:
- ¿Lo has visto?,
- Sí, y lo estoy viendo otra vez
Ciertamente la tía está morreando a otro. Tres cuartos de hora más tarde nosotros nos hemos morreado tres cervezas cada uno y ella se ha morreado a quince tíos, altos y bajos, gordos y delgados, jóvenes y viejos, calvos y melenudos, y por esta aleatoriedad morreadora deducimos que va borracha.
Pero no somos los únicos en deducir, tres buitres la han acorralado en la máquina de tabaco, que está en el primer rellano de la escalera, mi amigo musita algo como “qué vergüenza”, y va también hacia la máquina de tabaco, lo cual se me hace extraño, pues no fuma. Yo le sigo, lo que también me extraña, pues tampoco fumo, y me quedo a una prudencial distancia para poder intervenir si hay bronca, y que no me descubran si no la hay.
Tras ardua batalla dialéctica los buitres uno a uno se fueron marchando y mi amigo quedó vencedor. Aprovechando un descuido de ella se acercó y me dijo:
-Préstame dos mil pelas p’al taxi.
Se las di y se fueron. Yo los seguí a distancia por si le daba plantón para bebernos esas dos mil que eran mis últimas pelas, pero no, entraron en el taxi y yo me fui a casa andando y bastante sereno.
A la mañana siguiente, en nuestro partido de baloncesto, todos los amigos sabían de la hazaña, soy un bocas, y cuándo llegó fue recibido cómo un héroe. ¿Qué tal? ¡Campeón! Cuenta, cuenta…Mejor no hubiera contado.
-Llegamos a casa, e iba tan borracha que la acosté en mi cama, la arropé y me fui a dormir al sofá, que iba a hacer, una persona madura no se aprovecha de las chicas borrachas. Cuándo despertó preguntó:
- ¿Dónde estoy?
-Yo le dije que en mi casa, dijo mi amigo con ese tono de madurez que caracteriza su voz, que la había acostado, que no se preocupara, que no había pasado nada y que si quería algo de desayuno, gustosamente se lo llevaba a la cama. Ella se levantó y se fue. Lo que no entiendo, siguió diciendo el "maduro" de mi amigo, es su cara de mala hostía, con lo bien que yo la había tratado. En fin... sería la resaca.
El cuento del siluro

Viernes noche. Estoy en “la cueva del siluro”, últimamente el pub dónde me muevo. Sigo siendo un “viva la virgen” y soy uno de los reyes del garito.
Estoy tomando una caña y hablando con mi amigo el dueño del garito cuándo veo por el rabillo del ojo que una gachí entra en el bar, contenta, saluda efusivamente a un desconocido y se pide un cubata.
Mi amigo le sirve el cubata y cuándo vuelve a rellenarme la copa me dice:
- ¿La has visto?,
- Sí, estoy al loro.
Ciertamente la tía está contenta. Un habitual canta una ranchera y la tía lo corea, otro se despendola con un fandango y la tía sigue coreando y aplaudiendo a rabiar, pero cuándo se arrancan con una jota y la tía sigue coreando, ya sé que va borracha.
Pero no soy el único en saber, tres buitres la han acorralado en la máquina de tabaco, que está camino del baño, mi amigo musita algo como “ánimo, eres el rey de los siluros, que no se escape”, y me digo, adelante, y voy hacia la máquina de tabaco, lo cual se me hace extraño, pues no fumo. Mi amigo, el dueño me sigue con la mirada, lo que también me extraña, pues su mirada tampoco fuma, y entro al ataque con mi labia habitual.
Tras ardua batalla dialéctica los buitres uno a uno se fueron marchando y quedé vencedor.
La saque del bar y le dije:
-Vámonos.
-¿Adónde?
-A tu casa o a la mía.
-Mejor a la tuya.
Es un truco que nunca falla, así que tras veinte euros de taxi llegamos a mi casa.
A la tarde siguiente, ya hace tiempo que si voy de farra me levanto al mediodía, en nuestra timba de guiñote, les contaba a todos mis amigos mi hazaña nocturna, sigo siendo un bocas.
-Cuándo llegué a mi casa, la desnudé y le empecé a besar, un poquito en la boca, rápidamente a los pezones, con fuerza e inmediatamente a su clítoris, para que no se durmiera…después, bueno, un polvo impresionante.
-Cuándo despertó preguntó:
-¿Dónde estoy?
-En mi cama, le dije, con la voz autoritaria del que se sabe en su cama.
Entonces ella se dio cuenta de que los dos estábamos desnudos y sin duda pensó que había echado un polvo y cómo no se acordaba, no sabía si había sido bueno o malo, así, mientras yo acariciaba su espalda ella decidió repetir para no quedarse en la duda de haberse perdido algo bueno, y entonces echamos dos polvos más que fueron la hostía. Ahora, siempre que me ve me saluda efusivamente con una gran sonrisa.
04/08/2007
El viejo profesor. (Historia de un sinvergüenza)
Ya me había acomodado en mi vagón del expreso Praga-Budapest, cuándo se abrió la puerta del compartimiento y apareció mi viejo profesor D. José Vicente Roque, alias el “curita” (era un hombre de una rectitud inflexible y un católico recalcitrante) y colgada de su brazo una rubia de las que quitan el hipo.
-Hombre Armando, que pequeño es el mundo, me dijo mientras me daba un efusivo apretón de manos. ¿Qué haces por aquí? ¿Vacaciones?
-No, contesté, trabajo. Soy ingeniero diseñador de la Steel&Pea y estoy dando una serie de conferencias técnicas en centroeuropa sobre nuestra última invención, la máquina de pelar guisantes. ¿Y usted? ¿Qué tal doña Vicenta, su señora?
-Mi mujer, no sé…, hace años que no la veo…, pero… seguro que tiene algún dolor de cabeza. Por otro lado igual me da… Así que una máquina de pelar guisantes… ¡que gilipollez! Dígame, ¿es usted feliz?
-Bueno tengo esposa y dos hijos y me gano muy bien la vida. No me puedo quejar, todo me va bien.
-No le he preguntado eso.
-Bueno, sí, creo que sí, ¿qué más le puedo pedir a la vida?
-Dígame, ¿aún hay pasión en su matrimonio? ¿Cada cuánto hace el amor?
-Claro que hay pasión, nos queremos mucho, y es verdad que no hacemos el amor tanto como yo quisiera, pero entiéndalo, mi mujer, la casa, los niños… Bueno, ella no duerme bien y dormimos separados. Además tiene muchas molestias durante la menstruación, y no sé porqué cada vez que yo deseo hacer el amor ella tiene la regla.
-¡Coño!, esa excusa es nueva.
-¿Cómo dice?
-Mire Armando hace doce años, usted lo sabe bien, yo era cómo usted, me ganaba un buen sueldo dando clases, mis alumnos me respetaban, mis hijos me sableaban y a mi mujer le dolía sistemáticamente la cabeza para no hacer el amor conmigo. Entonces decidí que ya había tirado a la basura los cincuenta primeros años de mi vida y que no valía la pena tirar los veinte que me quedaban, así que vacié la cuenta corriente, vendí todo lo que en mi casa no estaba atornillado al suelo y me largué a vivir la vida y a ser un sinvergüenza. Y eso es lo que estoy haciendo desde entonces.
-Dios mío, D. José Vicente, usted un sinvergüenza, con lo estricto que usted era, ¿no cree que al final se arrepentirá?
-Armando, no me arrepiento de haberme convertido en sinvergüenza a los cincuenta, me arrepiento de no serlo desde el día en que nací. Le voy a dar un consejo, en cuánto el tren comience a arrancar yo me voy a bajar, empiezo a estar harto de esta pesada, dijo refiriéndose a la rubia, y le voy a dar esquinazo. Así que ella se va a quedar sola y sin un duro en un país del que ni siquiera conoce la lengua. Buscará algún hombre que la saque del apuro y usted es el más cercano. Si usted es listo, le echará una mano y ella se lo agradecerá. Va usted a gozar con ella en un día más de lo que ha gozado en un año con su señora. Pero poco a poco le irá pidiendo más y dándole menos. Cuándo vea que cada día le mata más la cabeza y le come menos la polla deshágase de ella cómo lo hago yo ahora.
Y dirigiéndose a ella le dijo en un correcto francés:
-Ma chérie, excuse moi, je vais acheter des cigarettes.
Le dio un buen morreo y desapareció por la puerta.
Extracto del libro:
El sinvergüenza y la máquina de pelar guisantes.
Carlos Retuerto.
Ed. Relatos misóginos. Madrid.
19/06/2007
La hora del siluro.

Las sirenas son seres de una belleza sin par, tienen la piel clara y delicada como un pétalo de rosa, y los ojos azules como el lago más profundo, y por supuesto no tienen pies; su cuerpo termina en cola de pez. Las sirenas jamás cambian ni envejecen, son inmortales. Nacen de la espuma de las olas siendo unas bellas jóvenes y se mantienen así eternamente.
Su canto es el más seductor de cuántas melodías se hayan inventado jamás y es imposible sustraerse al encanto de su voz.
Su mayor entretenimiento es seducir a todos los seres del mar, atunes, delfines, tiburones…, juegan con sus sentimientos y después de embaucarlos con promesas de amor se deshacen de ellos.
También embaucan a los rudos marineros llevándolos a la ruina y a la autodestrucción. Si algo les gusta en verdad a las sirenas es destruir física y moralmente a los humanos.
Pero sucede que, a veces, una sirena se enamora. Es bien sabido que el que juega con fuego acaba quemándose. E indefectiblemente se enamora siempre de un tipo cachitas en yate de lujo.
Y claro, va a la bruja del mar para que le de apariencia humana y así poder disfrutar del amor con su amado. Y la bruja se lo concede, porque sabe del fracaso que le espera, fracaso igual al que un día ella sufrió y cómo mujer que es disfruta viendo sufrir en otra la copia de su propio dolor.
La bruja del mar le advierte que su magia muere cuándo muere el amor del hombre por la sirena y le advierte también que al convertirse en humana adquiere todas las cualidades de estas, incluida la mortalidad.
Y las sirena se vuelve humana y concede a su hombre todo lo que un hombre puede desear, e incluso lo que ni siquiera puede imaginar que desea.
Pero lo que no pondera la sirena es que al volverse humana adquiere otras cualidades fatales, entre ellas las de engordar y envejecer, y con ellas sus consecuencias inseparables, el mal genio y la falta de apetito sexual.
Pero cómo la sirena es una vanidosa increíble piensa que su belleza y su encanto mantendrán siempre el amor de su hombre, incluso cuándo su belleza se convierta en una ruina y su encanto en un plumero, e incluso cuándo sus esfuerzos se concentren en que su hombre no adquiera en otro lado lo que ella le niega por sistema.
Y naturalmente engorda y envejece, y naturalmente su hombre se harta de ella, y tras sufrir años de abstinencia y desplantes encuentra una jovencita que le concede otra vez todos sus deseos, y se va con ella.
Y es en ese terrible momento cuándo las piernas de la ex-sirena se convierten otra vez en cola de pez, y deja de ser humana convirtiéndose otra vez en sirena. Pero no una sirena joven, sino una vieja sirena, de piel cetrina y áspera, ojos grises acerados por el dolor del desengaño, y con un canto que sólo inspira lástima a quien lo oye.
Ya no conquista a los peces ni a los hombres y es por ello que se va a vivir, porque no puede morir como realmente desea, a las regiones abisales.
Y en esas regiones la espera el siluro.
Y el siluro, que es el único ser que jamás hizo caso a una sirena joven, la cuida, la mima, la hace sentirse otra vez joven y deseada, pero a la vez le exige un gran sacrificio, la sumisión total. Y la pobre sirena, hastiada de soledad y sabiendo que es su última oportunidad se rinde al siluro, y se somete.
Y el siluro goza de las sirenas por docenas recibiendo de estas el amor verdadero y desinteresado.
Y es así que siempre llega la hora del siluro.




